jueves, 30 de julio de 2015

goodbye to you


Cuando miro hacia atrás y revivo momentos de mi infancia inmediatamente vienen a mi mente recuerdos con mis abuelos. Justo ahora que estuve enferma de gripa recordaba como mi abuela nos encerraba uno por uno en el baño de la casa de Pablo Ucello para darnos un "toque" a TODOS los primos cuando nos enfermábamos de la garganta.

Sé que muchos al leer la palabra "toque" se preguntarán de qué hablo; no amigos, no eran drogas. El toque es mertiolate directo a la garganta. El procedimiento era el siguiente: Lucia (mi abuela) gritaba desde el baño "el que sigue" entonces te parabas y entrabas con terror. Ella agarraba un lapiz sin punta, lo envolvía con algodón y lo remojaba en mertiolate para meterlo en tu garganta. 

La sensación era cero agradable y dolía, pero funcionaba y funcionaba muy bien porque el dolor de garganta desaparecía por completo. Ella siempre nos cuidaba. 

Ir a casa de los abuelos era lo máximo porque sabíamos que nos iban a consentir con todo lo que los papás no nos consentían y los regaños no existían. Podíamos comer nuestro cereal favorito, galletas Mac'Ma de chocolate, pingüinos sin control y si queríamos desayunar hot cakes mi abuela se rifaba levantándose temprano al día siguiente para hacerlos. Otra maravilla era que nos dejaban "desvelarnos" viendo nuestras caricaturas favoritas y lo más importante: nos llenaban de amor, besos y apapachos. 

Por otro lado me duele recordar que conforme fui creciendo ya no disfrutaba tanto ir a casa de mis abuelos como cuando era niña. La razón era porque sentía que ya no había tantas cosas que hacer y me aburría. Duele porque ahora que ya no están por lo menos yo me cuestiono y pienso: "y ¿si en vez de quejarme por ir a casa de mis abuelos, lo hubiera disfrutado?" En algún momento también sentí que no tenía nada que platicar con mi abuela, y ahora sé que debí buscar la conversación con ella. Afortunadamente ver la TV con el abuelo por las noches nunca perdió su encanto. 

Mi abuelo era un gran anfitrión. Mi familia siempre ha sido muégano y nos encantaba hacer reuniones con cualquier pretexto. Si la sede de la reunión era casa de mis abuelos, la tradición era que el abuelo te ofreciera un tequila. Y en la casa SIEMPRE sonaba de fondo el fonográfo. 

No había cosa que le desesperará más a mi abuela que los nietos riéndonos de la nada sin decirle cual era el motivo de la risa, nos decía: "trío de pendejos" era adorable oirla decirlo ya molesta, porque detrás de esa molestía estaba esa petición oculta "incluyanme".

La mala pronunciación de mi abuela al decir algunas palabras era otra de las características insignia de ella. Palabras como: "relo" (reloj), Nueva Yor (Nueva York), "ITAN" (ITAM), "sesto" (sexto), aunque siempre la corregiamos, igual seguía pronunciando a su modo. 

Tampoco olvidaré la palma de oro, premio o más bien placebo que mi abuelo otorgaba a los nietos después de un viaje a la persona que se portará mejor y ayudará más con las tareas u obligaciones que se presentarán en el viaje. Obvio yo la ganaba SIEMPRE (;

A mi abuela todas sus hijas le tenían mucho respeto, fue una madre dura, pero una madre ejemplar. Era increíble ver a una mujer con un carácter tan fuerte siendo la más tierna con sus nietos. El abuelo  fue un padre cariñoso y feliz, tenía un gran amor por la vida y disfrutaba cada minuto.

Quizá la idea de pensar que él se fue para reunirse con ella otra vez después de 7 meses de haberla pérdido sea un poco romántica, pero a mi me llena de ilusión pensarlo. No funcionaban el uno sin el otro. La vida que mi abuelo atesoraba y disfrutaba se le acabo en el momento que "su Lucy" se fue.

Luchó y trató de mantenerse cerca de sus hijas y nietos para que la perdida no fuera tan dolorosa, pero llego el momento de decirle adiós y agradecerle todo lo que nos dejo. 

      Luis: hoy vives en nuestros corazones y quiero decirte y que sepas que tuviste una despedida hermosa. Tus cenizas fueron esparcidas por tus hijas y nietos a lado de las de mi abuela. Tu lista de canciones favoritas fue tocada por un trío y aunque todos lloramos por tu partida, sabemos que hoy estas feliz y descansando. A partir de mañana celebraremos tu paso por estos lares.


PS: Debí hacer un esfuerzo por verlos más seguido, gracias por siempre estar. Gracias abuela por pedir por mi en las noches antes de irte a dormir, Luis y tú son y serán  mi guía y mi compañia de todos los días.

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